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miércoles, 22 de octubre de 2008

Hoy he necesitado volver




Hoy ha sido uno de esos días en los que no he sentido nada que me haya hecho decir: hoy ha merecido la pena levantarse… Ha sido un día más, arrollada por las circunstancias y la rutina; y no he podido pararme a saborear nada de lo que me he encontrado a mi alrededor, nada me ha llamado la atención. Por ello, hoy he necesitado volver a mi querida Grecia. Ese breve pero intenso pasear por los sueños que me han atrapado durante tantos años.

He cerrado los ojos y le he pedido a la encantadora Aurora que me abriera un nuevo día. Un nuevo día en el que revivir aquellas maravillosas sensaciones… Y me ha escuchado!

Guiada por Céfiro, he sobrevolado la gran urbe ateniense; he saludado a sus gentes, he correteado por sus calles y he continuado el vuelo hasta llegar a la torre de los vientos, con pies de plomo para no provocar su liberación. De un salto, me he alzado hasta la acrópolis, adentrándome velozmente entres las majestuosas columnas del templo de la diosa Atenea. Reposada desde lo más alto del Partenón, he oído que alguien me llamaba. Eran dulces voces, pero no sabía de dónde procedían.

Al girar la vista a la derecha, las he visto, eran ellas! Las seis doncellas del Erectión (Las cariátides), dándome nuevamente la bienvenida y pidiéndome que batiera sobre el olivo sagrado. Estaban preocupadas, nadie había escuchado sus llamadas y temían que las hojas marchitas nublaran la belleza del olivo y le restaran poder. Sin pensarlo, me he echado sobre el olivo sagrado, revoloteado fuertemente entre sus ramas, tenía que hacer desaparecer toda la maleza, no podía dejarle morir. Ha sido un arduo trabajo, ahora reluce como siempre. Ahora puedo reanudar mi vuelo…


miércoles, 15 de octubre de 2008

Querida intuición...


Se ha convertido ya en una costumbre, o quizás en una manía, pero cada vez que salgo de viaje, lo primero que hago nada más llegar a la ciudad de destino es buscar, como una desconsolada, un callejero. Encontrar en el plano el lugar exacto en el que me encuentro es algo que me apasiona, me encanta, pues en cuestión de momentos imagino las rutas que voy a hacer, los lugares que tengo que ver, de los que he oído hablar y tengo que visitar, los que pueden ser atractivos por el simple nombre...

Esta manía ha pasado a ser un ritual: Miro cuál es el nombre exacto de la calle en la que me encuentro, me paro –con cuidado de no ser atropellada-, despliego el callejero y busco el sitio en el que estoy en ese preciso instante, lo marco con un bolígrafo (compañero inseparable en todo viaje, al igual que un bloc de notas) y comienzo mi andadura. Ese punto marcado será el inicio de la gran aventura.

Con un callejero y un buen sentido de la orientación, el éxito está garantizado, lo que significará que el viaje irá estupendamente. De esto podía presumir, y mucho, hasta hace poco, pero la racha de buena suerte creo que concluyó en Grecia.

Como comentaba anteriormente, cuando llegamos el primer día, reproduje mi ritual con el callejero; a la primera salió bien porque encontramos sin problema alguno la estación de metro, pero al introducirnos en el más profundo subsuelo y salir nuevamente a la superficie... La buena suerte había finalizado. Anduvimos durante un buen rato buscando Plaka (una de las zonas de mayor atractivo en la noche ateniense), pero las calles por las que pasábamos no las encontrábamos en el callejero, y las que aparecían en el callejero no las encontrábamos in situ…

Al final llegamos a Plaka, donde cenamos estupendamente; también pasamos por Monastiraki, Syntagma y cerramos la noche tomando una enorme cerveza alemana en Hard Rock –un bar muy próximo a la estación de metro que nos llevaría de vuelta al hotel-...

Mi hermano y yo decidimos no volver a abrir el callejero en toda la noche, pero sí que pudimos llegar a todos sitios que teníamos pensado visitar.

Si teníais en mente viajar a Atenas, un consejo: Pasad del callejero y que sea la intuición la que os guíe.

sábado, 11 de octubre de 2008

Un recorrido de más de 15 kilómetros por el módico precio de seis euros


Parece increíble, pero así fue. Después de haber recorrido el Pireo, Hydra y el Puerto Náutico decidimos regresar al hotel para descansar. La estación de metro estaba muy retirada y para evitar otra larga caminata, para no acabar con todas nuestras energías el segundo día de viaje, acordamos coger un taxis, costara lo que costara. La mejor elección! Hicimos un recorrido de más de 20 minutos, el taxista nos iba explicando todo lo que veíamos y cuando llegamos a nuestro destino, cuál fue nuestra sorpresa, pues que el taxímetro marcaba únicamente seis euros!!!
No salíamos de nuestros asombro. Más de quince kilómetros por el módico precio de seis euros! Eso en Murcia es inimaginable e imposible. De hecho, le volvimos a preguntar el precio al taxista por si le habíamos malentendido, pero no! Efectivamente ese era el importe.
Como segunda alternativa, el taxis es el mejor medio de transporte que se puede utilizar en Atenas, aunque también es cierto que depende de las horas, ya que si vas con prisa y es hora punta... Aunque sea barato, llegas tarde con total seguridad.
Según nos comentó el taxista, en la ciudad de Atenas hay ni más ni menos que 11.000 taxistas, todo el que quiera dedicarse a esa profesión lo puede hacer sin ningún problema. Allí no pasa como aquí en Murcia, donde hay infinidad de problemas para adquirir una licencia, hay un número muy escaso, son caros (de los que más en España) y los taxistas son lo más antipático que te puedas echar a la cara...
Es cierto, que Atenas vive del turismo -estamos de acuerdo-, pero también es cierto que los taxistas no están en la obligación de hacer de guía durante el recorrido ni de hacer el esfuerzo por hablar o chapurrear un idioma que no es ni el suyo ni el nuestro... Al menos ellos lo intentan y se esfuerzan por ser amables, aquí en Murcia ni se molestan.

viernes, 10 de octubre de 2008

Hydra, un auténtico paraíso

Como buenos mediterráneos que somos, nuestro segundo día en Grecia decidimos lanzarnos a la aventura y partir rumbo a la costa. Queríamos ver esas playas e islas de las que tanto habíamos escuchado y visto en fotografías. Añorábamos el encuentro con el mar y no podíamos dejar pasar más el tiempo.
LLegamos al Pireo en busca de un lugar en el que poder comprar unos billetes que nos llevaran a las islas griegas. Teníamos para elegir varios destinos, pero tal vez por la intuición o por el simple nombre, me decliné por Hydra, una de las islas más lejanas y la más bonita, según la mayoría de los comentarios de la gente de allí.

El medio de transporte: un flaying, una especie de ferry pequeñito pero que alcanzaba unos 60 nudos (120 km/h.) según la jerga marinera. El trayecto duraría una hora y media, y lo que no sabíamos era que el viaje nos haría un recorrido por varias islas hasta llegar a nuestro destino final.


El contacto con el mar, la brisa, el sol reflejado en las transparentes aguas del Sarónico... Todo me hizo sentir de una manera especial, reviví sensanciones que llevaba tiempo sin experimentar y -al cerrar los ojos y notar el aire en mi cara- me sentí con una auténtica ninfa del mar.


El recorrido hasta Hydra fue muy agradable y las vistas inexplicables, realmente maravillosas, auténticas postales. Tanto mi hermano como yo no dejamos de captar instantáneas para no olvidar nunca aquellos parajes tan fantásticos y únicos.

Conforme nos fuimos adentrando en Hydra, las caras de sorpresa se fueron incrementando. Estabamos ante un auténtico paraíso, un enclave ideal para retirarse durante una larga temporada, un lugar fantástico para descansar y disfrutar del contacto con la naturaleza.


Según me explicaron, Hydra es una isla que tiene una extensión de unos 50 kilómetros cuadrados y un perímetro costero de 55 kilómetros. Es una isla montañosa, con poquita vegetación -si se compara con otras islas colindantes- y con menos de 3000 habitantes, donde se respira un ambiente sereno y de profunda tranquilidad. Allí no hay corres, ni motos e incluso me aventuraría a decir que no hay ni bicicletas. El único medio de transporte es el burro, además de las pequeñas embarcaciones que te llevan de una a otra isla.

Efectivamente, la tranquilidad es la encargada de dar la bienvenida a todos los visitantes. Tal vez habrá islas más bonitas, pero he de decir que Hydra me cautivó porque tiene un encanto especial. Un encanto que se percibe en sus gentes, su pequeñas y acentuadas callejuelas, en su brisa, en su aroma...

jueves, 9 de octubre de 2008

Los griegos, grandes fumadores y bebedores de café

El 1 de enero de 2006 entraba en vigor la famosa Ley Antitabaco en España. Fue una ley bastante cuestionada debido a que contemplaba algunos errores de fondo y forma, generando controversias y malentendidos por todas las partes. Además de España, Italia, Bélgica, Gran Bretaña, Irlanda y Francia son otros tantos países que se han subido al carro de la prohibición.

Aunque soy fumadora, la Ley no me ha supuesto problema alguno. No soy de esas personas que se nieguen a entrar en un lugar en el que esté prohibido fumar. La vida no me la da un cigarrillo y si tengo que esperar, espero. Este es un aspecto que ha dado lugar a muchas tertulias, críticas y grandes enfrentamientos entre fumadores y no fumadores, pero también es cierto que los mayores perjudicados en este asunto han sido los propietarios de locales (bares, restaurantes, cafeterías...) y de máquinas expendedoras de tabaco. Ellos han tenido que hacer grandes inversiones económicas para ajustarse a la Ley.

Por otra parte, he de destacar que no somos consientes de las normativas por las cuales nos dirigimos hasta que salimos fuera.

Como todos bien sabemos, en los aviones está prohibido fumar y en los aeropuestose -en algunos- han instalado una especie de jaulas para los marginados fumadores. Al hacer escala en Madrid y ver dicho espacio habilitado pensé: qué bien! voy a poder fumarme un pitillo tranquilamente antes de volver a subirme al avión; pero después de adentrarme en esa jaula de marginados, la primera reacción -al mirar a mi alrededor- fue sentirme como el bicho más raro de este planeta. Sin pensarlo, apagué velozmente el cigarrillo y salí corriendo de aquella jaula de marginados porque me sentía incómoda e incapaz de seguir fumando.

En Grecia no pasa esto. Allí no ha llegado aún la Ley Antitabaco y, por lo que pude observar, tardará bastante tiempo en hacierdo. Los griegos fuman -tal y como reza el dicho- como auténticos carreteros! No es un acto social, como le suele pasar a mucha gente, para los griegos en general, el fumar es algo tan esencial como respirar. Ellos fuman por la mañana, a mediodía, en el trabajo, en la calle, cuando salen de marcha, cuando están en casa... El acto de fumar es un ritual que lo tienen bastante bien asumido.

Otra de las cosas que me llamó la atención fue la inexistencia de estancos. La venta de tabaco se realiza en los cientos de Quioscos que se distribuyen a lo largo y ancho de todo el país. El precio? El paquete es más económico que en España, si no me equivoco, 20 céntimos más barato.

Al ritual de acto de fumar, hay que sumarle el consumo incontrolado de expreso o capuccino con hielo. Era llamativo pasear por plazas repletas de cafeterías y ver cómo los griegos pasaban las horas fumando y bebiendo café.

Elementos esenciales de todo griego: fumar, tomar café y hablar.

Ahí queda...






miércoles, 8 de octubre de 2008

Lo más simple termina siendo lo más eficaz




Hay ocasiones en las que las cosas más simples terminan siendo las más efectivas. Hoy en día estamos acostumbrados a sorprendernos por las novedades tecnológicas que surgen continuamente, el ser humano ha logrado evolucionar sus formas de comunicación desde rudimentarios métodos, como la escritura jeroglífica, el alfabeto y el papel, hasta la llegada de la imprenta, y la aparición del teléfono, el cine, la radio y la televisión. Todos estos instrumentos han sido un avance en las formas de comunicación del hombre y han sido posibles gracias a la tecnología, que a su vez ha sido el instrumento cuya evolución ha determinado el avance de la humanidad.

A pesar de todo esto, es cierto que hay determinados aspectos de la vida cotidiana que no precisan de muchos avances para alcanzar óptimos objetivos. Me estoy refiriendo al sistema de encendido eléctrico con el que se cuenta en las habitación del Hotel Candia, en el que nos hospedamos durante nuestra estancia en Atena.

Se trata de un método muy rudimentario y anticuado, pero con una gran efectividad porque permite ahorrar electricidad de una forma considerable, ya que si no se coloca esa pieza de imanada sobre la base es imposible encender la luz o enchufar el cargador del móvil. A difencia de las tarjetas que hay en la mayoría de los hoteles, este métido ateniense impide dejar una tarjeta cualquiera en la ranura cuando sales de la habitación.

Por otra parte, y hablando de ahorro eléctrico, parece ser que los atenienses lo tienen bien asumido eso de gastar lo justito en luz.

La red de alumbrado público, aunque se extiende a lo largo y ancho de la ciudad, es bastante escasa y, al igual que el sistema de encendido de las habitaciones del hotel, muy primitivo. Este hecho me llamó bastante la atención, ya que en el caso de Murcia, el municipio está a la cabeza en cuanto a iluminación, al mismo tiempo que es de las ciudades que menos contamina a nivel nacional. Creo recordar, si no me falla la memoria, que hay una farola cada cinco habitantes y la contaminación se ha reducido sustancialmente en los últimos años gracias al plan de renovación llevado a cabo por el Consistorio murciano.

En el caso de Atenas el caso es completamente contrario. La ratio no se si llegará a una farola cada cien o doscientos habitantes o más... A excepción de las grandes plazas, el resto de la capital griega es completamente tenue y oscura.

Lo único que está completamente iluminado y que puede divisarse desde cualquier punto de la ciudad es la Acrópolis. Esa histórica colina que guarda tanta historia es la que se alza, se engrandece y se subleva ante todo anteniese y visitante que se precie.

martes, 7 de octubre de 2008

El nuevo camino se ha emprendido




Mi camino hacia Ítaca ha sido largo, duro, pero profundamente productivo y enriquecedor. He aprendido a esperar, a acelerar y a saborear cada momento y cada segundo vivido, he aprendido que todos los caminos no son de flores, que también hay baches, que hay caídas dolorosas, pero hay que levantarse, coger fuerzas y seguir adelante. Da igual lo que cueste porque el fin es lo que te anima a continuar.

Al final, llegué a mi destino, pero ese destino alcanzado no significaba el final de mi trayecto, más bien se ha convertido en el comienzo de otro largo recorrido, ya emprendido.

Grecia, la cuna de las grandes civilizaciones, se ha apoderado de mi. He pateado sus grades calles y avenidas, he saboreado sus grandes manjares, he compartido con tus gentes agradables momentos, he escuchado el rugir de tus aguas saladas y he sentido -en lo más profundo de mi corazón- sensaciones hasta ahora inimaginables...

No tenía previsto que este viaje fuera uno más, ya que este país suponía algo muy especial ara mi. Esta visita a Grecia tenía que ser especial, tenía que ser diferente a la de otros lugares, este viaje tenía que marcar un antes y un después... Y así fue.

Ha sido un encuentro más que un descubrimiento, ya nos conocíamos y estábamos esperando a que llegara el momento. No nos hemos defraudado... El nuevo camino se ha emprendido, ya no hay marcha atrás...