Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no escucha música, quien no halle encanto en sí mismo(...) ¡No te dejes morir lentamente! ¡No te olvides de ser feliz! (Pablo Neruda)
jueves, 5 de mayo de 2011
Nuestras tardes de juego, sí que eran divertidas
sábado, 5 de febrero de 2011
Qué grandes son las mañanas de los sábados
martes, 12 de mayo de 2009
Un pequeño homenaje
Han sido tantos los momentos en los que he tenido la música de Antonio Vega como única compañía, que hoy, el día de su triste despedida, no había cabida en mi blog para otra cosa. Ahí va este pequeño, pero sentido homenaje.
lunes, 23 de febrero de 2009
Una fecha señalada
Todos recordamos el 23 de febrero como el día en el que tuvo lugar el fallido Golpe de Estado de manos de Tejero y su grupo de militares en 1981. Fue un día histórico del cual mi recuerdo se limita a lo que años más tarde pude estudiar, lo que me contaron mis padres, lo que pude leer la prensa o en televisión porque solamente tenía un año de edad.
Hace seis años que ya no lo celebramos como a él le gustaba porque ya no está con nosotros. Hace seis años que no hay sorpresas, que no hay regalos, que no hay tarta, que no hay un encuentro familiar, que no hay velas que muestren el paso de los años, su orgullo por envejecer... Hace seis años que no tenemos motivo aparente para festejar el 23 de febrero.
La celebración se ha transformado en recuerdo. El recuerdo de que es esencial seguir sus pasos, tener la fortaleza que él tenía y vivir la vida de la misma forma que él la vivió.
El 23 de febrero es una fecha señalada. Una fecha importante para la historia de mis hermanos, mi madre y la mía. Una fecha memorable porque fue el día en el que nació una grandísima persona: Mi padre.
jueves, 12 de febrero de 2009
Con la compra hecha
Lechugas, ajos, hinojos, coles de Bruselas, acelgas, fresas, rábanos, habas, plantas aromáticas… Una amplísima variedad de frutas y hortalizas son las que cultivas los escolares en los patios de los colegios, y todo gracias a una iniciativa de la Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Murcia, que lleva como nombre Huertos Escolares.
Esta mañana hemos ido a visitar el Colegio Público Infanta Cristina de Puente Tocinos y hemos salido con la compra hecha. Es curioso ver cómo los más pequeños están aprendiendo lo que hace no mucho tiempo era una labor diaria de los abuelos y bisabuelos. Y es que, si de algo podemos presumir los murcianos es de tener unos alimentos delicioso, por algo será que nos llaman “La huerta de Europa”.
No podemos dejar que nuestras tradiciones y costumbres se pierdan, he ahí la esencia de nuestra cultura: el seguir manteniendo vivas aquéllas formas de ser y de actuar, y que ha dado lugar a lo que hoy en día somos muchos de nosotros.
Yo aún recuerdo cuando vivía entre naranjos y limoneros, cuando me despertaba con el cantar del gallo, daba de comer a las gallinas y salía con mis hermanos a comer vinagrillo, saltando de un lado a otro de la acequia que cruzaba frente a casa… De todo eso ya solamente queda el recuerdo, las viviendas y las calles han acabado con todo, pero aunque ya no quede nada, siempre lo recordaré con especial cariño y como si lo estuviera viendo en ese preciso instante.
Ahora, aunque sea un trocito muy pequeño, aún contamos en la familia con un trocito de huerta, de la que salen las deliciosas naranjas, con las que, orgullosa, puedo hacerme cada mañana un nutritivo zumo de naranja.
Cuando esta mañana he visto la ilusión de los alumnos del colegio plantar y regar sus cultivos ecológicos he pensado: menos mal, aunque no lo hayan tenido en sus casas, esto niños van a poder contar alguna vez que ellos mismo también llegaron a hacer, por devoción, lo que sus antepasados tenían que hacer casi por obligación.
lunes, 29 de diciembre de 2008
Haciendo balance
Cuando se aproximan estas fechas, me gusta ir recopilando y recordando aquellos momentos que han sido especialmente significativos a lo largo del año, independientemente de que hubieran sido muy agradables, agradables o simplemente poco o nada agradables.
Echar mano de fotografías, recordar situaciones por las que he tenido que pasar -algunas completamente desconocidas y comprometidas-, hacer memoria de aquellas por las que ya había pasado en otros momentos y que he vivido de forma diferente o similar, recordar a la gente que ha estado a mi lado, a quienes han pasado a formar parte de mi vida, a quienes ya no están a mi lado...
Tal vez sea por la profesión, eso de hacer balances anuales, pero siempre ha llamado mi atención lo de dedicar un breve periodo de tiempo a hacer una valoración de lo que ha supuesto el año que termina.
Aunque en estos momentos continúo haciendo esa recopilación de los 365 días, he de admitir con total rotundidad que ha sido un año importante, con grandes sinsabores y grandes satisfacciones. Un año repleto de descubrimientos que me han fortalecido aún más como persona.
Sin lugar a duda, el 2008 pasará al baúl de mis preciados recuerdos no como un año más, sino como un año cargado de experiencias. Experiencias que han contribuido positivamente a concretar aún más cuáles son mis objetivos, qué caminos estoy segura que no quiero atravesar en mi vida y en cuáles me quiero adentraré sin miedo a nada y a nadie.
domingo, 28 de diciembre de 2008
Anónimo
Tiene lámina altiva
Rocío melocotón
Y tez de ese color
No lejos de Afrodita
Y si fuera Campanilla
Date torero por vencido
Apela al Vitorino
De la parca o vida
Arriba Ulíses sin prisa,
Brama aturdido Cupido,
Es por su despertador
Y cuanto vicia el amor
No le niegues fantasía.
domingo, 14 de diciembre de 2008
Mantenemos la tradición
Teníamos que seguir la tradición y lo hemos hecho. Era lo que le habría gustado, no podíamos decepcionarla, y necesitábamos recordarla y sentirla aún más cerca de nosotros.
elaboración de dulces navideños.
Siempre ha sido un domingo. Desde niña recuerdo que ese domingo era el día que anunciaba el comienzo de la Navidad, la fecha más deseada y esperada por todos. Mientras que las mujeres estaban con las manos en la masa haciendo las tortas de pascua, los mantecados y los pastelillos; los pequeños montábamos el belén y el árbol con la ayuda de los hombres de la casa, bajo la atenta mirada de mi abuelo, que estaba pendiente de lo que hacíamos en todo momento.
Era un día alegre y muy divertido. Mi abuela y su hermana –las promotoras de todo- eran las encargadas de movilizarnos a todos para que no faltara nada ni nadie ese día. Era una fecha clave y no ha habido año en el que no nos hayamos juntado.
sábado, 22 de noviembre de 2008
No ha sido un sábado más
Mi agapornis ya no volverá a cantar más. Recuerdo que hace unos días comentaba que le había escuchado cantar como nunca. Fue un día soleado, la primavera en otoño, no hacía frío, el sol relucia de forma especial y tal vez por eso mi agapornis cantó como nunca. Hoy, no ha sido un sábado más, ha sido un sábado diferente.
En días como los de hoy es habitual levantarse temprano, desayunar acompañara de un libro, dar un paseo, ver que los jardines están repletos de niños y niñas con sus padres, pasear por el centro y ver las calles repletas de gente comprando o simplemente paseando, tomar un café con las amigas, volver a casa, comer algo y ponerse los peliculones de la tarde de cualquiera de las televisiones privadas para tratar de dormir la siesta.
Hoy, además de haber hecho lo que habitualmente se suele hacer un sábado, he echado de menos a mi agapornis; y por eso no ha sido un sábado más. He echado de menos abrir el balcón, salir a la terraza, verlo y escucharlo cantar como siempre lo hacía cuando le metía en el salón y de fondo se oía el televisor.
Ahora comprendo por qué ese día cantó como nunca.
martes, 18 de noviembre de 2008
Nos quedó tanto por hacer
Hoy has estado más cerca de mí que nunca y he tenido que llorar. En el salón –como era de costumbre-, he girado la cabeza y te he visto a mi lado, me estabas mirando y sonreías. Fueron unos años muy duros, pero estuvimos muy unidos, más que nunca.
Las tardes las pasábamos siempre juntos, mientras tú leías o veías la televisión yo estudiaba, pero no había momento en el que nos levantáramos para ver qué hacíamos. Los silenciosos pasos, para evitar interrumpir, nos hacían levantar la cabeza y mirar. Sobraban las palabras, las miradas y el silencio lo decían todo. Estábamos juntos, es cierto, pero nos quedó tanto por hacer.
miércoles, 29 de octubre de 2008
Maravillosos veranos



Rebuscando entre cajones he encontrada estas fotos de cuando era una niña, bueno de cuando era más niña. Qué bonicas, verdad? Al verlas, me han venido a la mente algunos de los momentos más fantásticos que pasé en mi infancia… Qué años aquéllos… Qué veranos pasábamos… Eran increíbles!
Recuerdo que había un día clave: la entrega de las notas en el colegio. Esa mañana marcaba el comienzo de un verano repleto de emociones. Cargábamos el coche e íbamos directos a la playa.
Volver a ver a los amigos, pasear en bici, salir como una pasa después de estar horas en el agua, rebozarse como una croqueta en la arena, las siestas bajo la guardia de mi abuela, las cien pesetas que nos daba mi abuelo para comprar chucherías y helados, los múltiples juegos en la calle… Unos veranos maravillosos.
jueves, 16 de octubre de 2008
Historias por contar
Dejamos que el día a día nos atrape, nos robe nuestra propia identidad y nos convierta en simples máquinas hacedoras de todo lo que se nos muestra antes nuestros ojos, sin ser conscientes de lo esencial que supone echar el freno y prestar atención a lo que nuestro corazón nos tiene que decir.
Esta tarde he ido a ver a mi abuelita y, en el transcurso de la conversación, ha sido inevitable hacer referencia a sus años de juventud: Sus paseos por Murcia con las amigas (que siempre tenían que concluir antes de puesta de sol); sus encuentros secreto con mi abuelo, y aquéllos otros en los que era habitual ir acompañada por una carabina para evitar cualquier roce furtivo entre los enamorados; sus tardes de costura; sus trabajos en la huerta…
Aquellas generaciones tienen infinidad de cosas que narrar… A ellos les tocó vivir algunos de los acontecimientos más importantes de la historia española, algunos de los momentos más desagradables y desafortunados que nosotros –con total seguridad- no llegaremos a pasar.
A ellos tenemos que agradecerles muchas de las cosas de las que hoy disfrutamos y que, por el contrario, algunos no valoran; dejándoles de lado, sin prestarles el tiempo que necesitan y sin devolverles las múltiples sonrisas que continuamente nos ofrecen.
Les admiro tanto… De siempre me ha emocionado sentarme frente a mis abuelos y olvidarme del tiempo, de quién era yo y qué tenía que hacer después; Lo único que me interesaba era eso: Sentarme junto a ellos y escuchar la nueva historia que tenían que contarme…
